Un relato de lo que ha ocurrido en el mundo desde los inicios del nuevo milenio para entender hacia dónde vamos. El catastrófico recorrido del siglo xxi empieza con el 11-S, el ataque terrorista a las Torres Gemelas. Ese mismo año, 2001, China se incorporó a la Organización Mundial del Comercio, estalló el caso Enron símbolo de la quiebra de un capitalismo fuera de control y premonición del crash de Lehman Brothers y Washington se retiró del Tratado sobre Misiles Antibalísticos. El declive del Imperio estadounidense se ponía en marcha y no ha dejado de acelerarse desde entonces, a lo largo y ancho de este loco primer cuarto de siglo. Después llegaron la Gran Recesión, la crisis del euro, el Brexit, Trump y el ascenso de los populismos, la pandemia y un empacho de conflictos bélicos que se asemeja a una guerra civil global, en una danza macabra en la que Europa es incapaz de abandonar su adicción a trazar líneas en la arena. En Las invasiones bárbaras, Claudi Pérez hace un repaso de los últimos años de crisis con dos tesis entrelazadas. Una: los bárbaros no estaban a las puertas, sino perfectamente instalados en el corazón del sistema, con una extrema derecha aliada con los tecnomagnates que han protagonizado un reflujo reaccionario en la geopolítica y la geoeconomía. Dos: el pesimismo propio de estos tiempos está perfectamente justificado por esta mezcla tóxica de desorden y descontento, pero el catastrofismo es excesivo; el Apocalipsis casi siempre defrauda a sus profetas. Somos la gente más saludable, rica y longeva de la historia, pero, al mismo tiempo, cada vez estamos más asustados: esa es una de las grandes paradojas de nuestro tiempo. Hemos entrado en una nueva era de temor y por delante, además, el futuro va descubriendo el rostro amenazante de la crisis climática. Aun así, hay que acordarse de Paul Auster: «Parecía que el mundo estaba a punto de acabarse, pero no se acabó».