Casa Fuster no es tan solo una joya arquitectónica del modernismo, sino que constituye el eje alrededor del cual se construye la historia de un conjunto de familias mallorquinas, descendientes de conversos, que, desde finales del siglo XIX y comienzos del XX, se desplazan a Cataluña, a la búsqueda de nuevos horizontes de convivencia, al tiempo que de familias catalanas que se integran en Mallorca a lo largo de la misma época. Tal historia nos invita a reflexionar sobre las diferencias sociales en la Mallorca de finales del XIX, y la lucha por tender puentes, desde la tan necesaria cultura del encuentro. Como ha señalado Rosa Planas en su prólogo, «el lector recibe la impronta de lugares, momentos acciones, personas es decir el material de la historia, a través de los ojos de un hombre de experiencia, de vida, de conocimiento, que ha sabido vivir a caballo entre varios mundos. No se trata de un canto de cisne, sino de un baile pacífico en un escenario separado por el mar. Mallorca y Cataluña, feliz encuentro en la identidad del recuerdo».